De Terly
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3º y último post en homenaje a mi padre Pedro Romero Mendoza
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+ 10 de Agosto 1969
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CARTA A MI PADRE
(Borrador para un poema)
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Querido papá:
A pesar de que era un despejado y luminoso día de finales de Julio que parecía invitar a la alegría y sin ser aún conocedor de la noticia, me invadía una incalculable y colosal tristeza. Sin un motivo aparente acudían las lágrimas a mi ojos y, con el poder de la conciencia, o dejándola navegar a su albedrío, trataba de auto-convencerme de que esta melancolía que de mí se había apoderado, era fruto de la enorme depresión que hacía ya un largo periodo de tiempo venía padeciendo.
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Eran las 12 de la mañana cuando una inesperada llamada telefónica me hizo conocer la trágica noticia. Habías tenido un desafortunado accidente de tráfico y, en estado de coma, te encontrabas hospitalizado en la Residencia de la Seguridad Social de Cáceres a donde te llevaron unos desconocidos automovilistas a los que nunca tuve la oportunidad de agradecérselo. Mamá, por no ser entonces de obligado cumplimniento, no llevaba puesto el cinturón de seguridad y gracias a ello salvó su vida. Salió despedida por la puerta del vehículo tras abrirse deformada por los golpes recibidos en la primera de las volteretas que dio al rodar terraplén abajo.
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Intentando estar en mí, sin conseguirlo, temblando de los pies a la cabeza, emprendí viaje por carretera acompañado de mi esposa, a la que tú tanto aprecio le tenías. Trescientos infinitos kilómetros para acudir a tu lado, tomarte de la mano y decirte una y mil veces, aunque tú ya no me escuchabas, lo mucho que siempre te había querido. Incomprensiblemente y con el acaparamiento de un avaro, cuántas veces nos ahorramos palabras de cariño que ya nunca jamás podrán decirse.
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¡Cuántos “te quiero” se quedan en el tintero de la vida y qué acibarado sabor y tristeza tan enorme deja no haber pronunciado tales palabras en su debido momento! Quisiera que ellas pudieran recorrer ahora el camino del infinito para hacerlas llegar hasta ese lugar donde tú pudieras escucharlas.
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Te fuiste cuando yo aún era un impulsivo e inquieto joven que necesitaba más que nunca de tus sabios y siempre acertados consejos.
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Recuerdo como, cuando cerraba el ciclo de su vida algún músico, compositor, poeta, literato o pintor de los muchos que admirabas, siempre acudía a tu memoria con los ojos de la dulce y húmeda tristeza, aquella canción que tanto te gustaba -“las obras quedan, las gentes se van / otros que vienen las continuarán”- pero tú, querido papá, te fuiste y en mí nadie continuó esa obra que como sabio arquitecto fuiste diseñando a lo largo de mi vida, un edificio que por más que el tiempo pase, siempre le quedarán pendientes los retoques finales que hubieras podido darle, o esa cubierta tan importante que lo protege.
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Hoy contemplo a mis queridas hijas y nietos y puedo imaginar cuán grande hubiera sido tu satisfacción si hubieras podido disfrutar de su cariño y conocer el magnífico resultado de sus estudios, satisfacción ésta que yo no supe darte al menos en vida.
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Sin haber llegado a conocerlas, la herencia que has dejado a cada una de mis hijas se refleja en ese gran amor que tienen por la música; además de hacer sus carreras universitarias con gran éxito, completaron su formación con la de solfeo y piano, llegando a ofrecer en Barcelona y con la sala repleta de público, algún que otro exitoso concierto. También de ti han heredado su enorme amor por cualquier tipo de manifestación artística de las que, haciendo vibrar el corazón, se alojan en el fondo de nuestras almas.
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No creas, papá, que te escribo esta carta desde la tristeza, sé que algún día "estáras esperándome en el camino" y que me reuniré contigo, sólo lloro de rabia por no poder estrecharte una vez más entre mis brazos y decirte lo mucho que te quiero.
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Terly
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EL POEMA
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De Julio, un deslumbrante y claro día
que el sol brillaba fuerte en lo más alto,
el inmenso calor licuó el asfalto
y en él quedó cautiva mi alegría.
Una noticia por mí no esperada,
su zarpa me clavó en lo más profundo,
hizo que sobre mí cayera el mundo
y dejó mi alma triste, desolada.
-Ha tenido tu padre un accidente
y en coma se encuentra hospitalizado,
a tu madre, un milagro la ha salvado
según comunicado de un agente-
Queriendo estar en mí, pues no lo estaba,
temblando de los pies a la cabeza,
me puse en carretera con presteza,
con fuego en mi interior que me quemaba.
Muy veloz transcurría el lento tiempo,
aquel que en ocasiones no pasara,
hizo que la distancia se alargara
para aumentar mi enorme sufrimiento.
Ya, junto a ti, junto a tu triste lecho,
tras de tomar tu mano y de besarla,
después de suavemente acariciarla
mil “te quiero” salieron de mi pecho.
Cuántos “te quiero” ¡cáspita! callamos
para decirlos un poco más tarde,
mas la vida es un seco leño que arde;
se extingue cuando menos lo esperamos.
Te fuiste cuando yo aún tenía
alta necesidad de tus consejos,
hoy, queriendo traspasar mi propio espejo,
trato de recordar cuanto decías.
Cuando miro a mis hijas y a mis nietos
me digo; ¡cuánto hubiera disfrutado
con sus estudios y sus resultados,
los míos se rindieron tan discretos!...
De ti, papá, mis hijas heredaron
el amor por la música y las artes,
ese amor que en ti siempre fue estandarte
y que ellas en su piano cultivaron.
Sé que mi pensamiento es cristalino,
no me ahoga ni me mata la tristeza,
sé del fondo de mi alma, con certeza,
"estarás esperándome en el camino"
Terly
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