13 may. 2008

PICONEROS

¡Qué recuerdos y qué sabor a la cándida niñez de hace ya un sin fin de años! Este es el relato que amablemente nos ofrece hoy mi hermano Pablo y que me ha transportado como por obra de magia a los años de la post-guerra. Años difíciles que espero no vuelvan a repetirse en esta España nuestra.
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PICONEROS

¿No los recodáis?
Bajaban por Gómez Becerra, la Ronda del Carmen y la Avenida de España arrebujados en sus renegridas mantas o cubriendo con sacos sus cabezas a modo de capuchas cuando la lluvia arreciaba...
Salían de Malpartida bajo el cielo estrellado cuando nosotros, niños, nos encontrábamos en el mejor de los sueños, calentitos en nuestras camas, mientras en la calle, el termómetro se hundía bajo cero.
Arreando a sus burros cargados y teñidos como ellos del negro polvo, embocaban las calles de Cáceres con sus cargas de buen picón de jaras para los braseros y de carbón de encina para aquellas cocinas de sopla que te sopla, gritando al alba cacereña : ¡¡¡A picón quieeeen!!!...
Aún hoy , cuando acuden a mi memoria se me encoge el alma y hace que como extremeño me sienta orgulloso de aquella gente, recia como las encinas que a golpe de hacha, debían podar para carbonear su leña.
¡Qué hombres¡ ¡Qué calidad humana y qué resistencia¡ Daría cualquier cosa por poder charlar con alguno de ellos a estas alturas de la vida para rendirles mi homenaje más sincero.
Recorrían a pie los 12 kilómetros que separan a Cáceres de Malpartida en más de 3 horas de duro caminar. Partían del pueblo hacia las 5 de la madrugada para estar en Cáceres al amanecer, ofreciendo a las amas de casa su producto elaborado a la intemperie en las serranas dehesas cacereñas.
¡Cuánto frío nos quitaron aquellos piconeros a los niños cacereños en los años 30, 40, 50 ...
Sus caras tiznadas no permitían reconocer sus fisonomías, resaltanto tan sólo entre tanta negrura, el blanco de sus ojos'
Sus pies, calzados con abarcas fabricadas con trozos de cubiertas de automóviles- sin calcetines a veces- dejaban ver la mugre acumulada de días y días de duras jornadas de trabajo y de peregrinar por la carretera.
Sus manos, agrietadas por el frío o con impresionantes sabañones en sus dedos, les alejaban de toda condición humana; pero bajo aquella manta o capucha renegrida, siempre iba un padre de familia al que el hambre de sus hijos le hacía esforzarse hasta el límite de lo imposible.
Algunas veces debían soportar las críticas de las mujeres que ajenas al esfuerzo que para ellos representaba llenar aquella lata de picón, le reprochaban el haber encontrado algún tizón en el brasero...y todo al precio de una peseta la lata.
Camino del colegio me los encontraba por San Pedro y los veía como a seres desfavorecidos o más bien como pordioseros ambulantes y sin rendirme cuenta de su extraordinaria labor pasaba a su lado sin tan siquiera dirigirles una mirada de agradecimiento.
A ellos les debía la agradable sensación mezcla de frío y calor de mis sábanas al introducirme en mi cama o el indescriptible placer y calidez de una camilla con brasero de picón durante mis horas de estudios.
Les veíamos pasar de regreso- terminada la venta de sus cargas- sujetando con el pulgar un trozo de tocino sobre pan candeal y navaja en ristre, para recuperar energías y enfrentarse de nuevo a las 2 leguas largas que debían recorrer hasta su casa ...y al día siguiente, vuelta a empezar.
Siento una viva emoción al recordarlos y desde aquí les expreso mi admiración y agradecimiento por todo el frío que me quitaron en aquellos terribles y crudos inviernos extremeños, pero también debo confesar mi vergüenza como cacereño, al ver de que manera dilapidamos nuestras oportunidades de reconocimiento a aquellos hombres de extraordinaria fortaleza, cuando veo como las flamantes rotondas de entrada a la capital por su ruta, se "adornan" con esas esculturas de dudoso gusto o paralepípedos multicolores de ignoto significado. ¿No estaremos perdiendo los valores que aquellos piconeros extremeños nos enseñaron con su sacrificio poco o nada reconocido? ¿Es que cuesta tanto el fijarnos más en lo nuestro y en quienes nos dieron un buen ejemplo? Otras ciudades lo hacen, imitémoslas y cada día nos sentiremos más orgullosos de nuestra tierra extremeña.

7 comentarios:

El funcionario dijo...

Precioso.

Natalia Pastor dijo...

Una maravilla.
Yo no conocí el picón, pero mi marido que es de Badajoz, me contaba como en la finca de su abuelo, amén de la chimenea, existía el brasero de picón para la mesa de camilla en los largos inviernos.
Una imagen irrepetible.

Anónimo dijo...

muy bonito;
saludos desde Bruselas con un calor considerable y un teclado con las letras desordenadas, de locos,
aguijùon

Militos dijo...

Terly. en este momento estoy viendo un montón de piconeros con sus burros y sus manos tiznadas. ¡que realismo!. Desde luego que se merecían un buen monumento.
En la calle donde yo vivía en madrid lo que había era una carboneríaque vendía toda clase de carbón, también picón. mientras mis hermanos y yo jugábamos con todos los niños del barrio en medio de la calle, sin coches.
¿Sabes que te digo?, que bendita posguerra en la que aprendimos tantas cosas.
Saludos

Terly dijo...

Funcionario:
Me alegra que te haya gustado. Mi padre también fue funcionario (Recaudador de Contribuciones) y yo le ayudé en su trabajo durante algunos años. Tengo un especial sentimiento por vosotros. (Cuando tengo que pagar las multas,...no tanto).Un abrazo.

Natalia Pastor:
Si tu marido pasa de los 50, seguro que recordará estas escenas por las calles de Badajoz. Volver la vista atrás, a mi siempre me ha gustado. Ya se dice que...¡cualquier tiempo pasado fue mejor!...Aunque no sea verdad, siempre se recuerda con cariño.

Aguijón:
¡Cómo se te ocurre irte a Bruselas.
El buen vino y las buenas mujeres están en España ¿Que coño haces ahí?

Militos:
Ya veo que tú estas escenas las conoces y seguro que al volver la vista atrás te habrás emocionado como yo.
¡Qué bonito era jugar en la calle sin coches! ¿Recuerdas?... El rescate, el escondite, la gallinita ciega, hilo negro más adelante, el pañuelo, el aro, el clavo, la pica, las chapas, y un largo etc.
¡Cuánta creatividad para jugar sin juguetes! y sin dinero y casi sin comida. Pero a pesar de todo fuimos felices. ¡Se puede decir ahora lo mismo?

Un abrazo para todos.

El burro Romero dijo...

Leí este bonito artículo en un periódico de Extremadura y lo referí en nuestra bitácora asnal. Hoy lo he descubierto publicado en este blog. Mis felicitaciones al autor por evocar este desaparecido oficio.

Anónimo dijo...

El artículo salió publicado en el "Hoy de Extremadura" el pasado 10 de Mayo y pertenece a la misma persona.
Gracias por las felicitaciones recibidas.
SIMBAD