23 abr. 2008

FIESTA DEL LIBRO - ELEGIA - 1ª








Hoy se celebra la fiesta del libro, una fiesta simpática, atrayente y sumamente entrañable, es una fiesta que consigue animar a la lectura y tiende a facilitarla amarla y enaltecerla.
El libro es el contenedor donde se encuentra depositado todo el saber y el sentir de los hombres, los misterios de la ciencia, de la medicina, del arte o la poesía, de la historia, las leyes que nos rigen, y todo este material acumulado nos permite formarnos, obtener conocimientos, sabiduría, disfrutar de relatos reales o ficticios, situarnos en periodos ya pasados o crearnos una idea de lo que pueda ser el futuro y sobre todo tiene el grandioso cometido de traspasar nuestros conocimientos a las generaciones venideras.
Mi padre fue siempre un amante de la lectura, como decía en mi entrada anterior, era un lector impenitente y muy difícil de verlo sin un libro en la mano, leía mucho y leía bien.
Este pequeño relato me dará pie para publicar a continuación una poesía que mi madre le dedicó y que se refiere a una situación que se repetía machaconamente todos los días.
Mi padre, cuando terminaba su trabajo, se iba a un parque de Cáceres y se sentaba en un banco a leer mientas esperaba la llegada de mi madre, siempre ocupada con las tareas de la casa, no en balde éramos seis hermanos y para no sentirnos solos vivía con nosotros también un tío nuestro.
La poesía se llama “ELEGIA” y consta de dos partes, para no resultar pesado, publicaré hoy la primera y mañana la segunda.


E L E G I A

Todas, todas las tarde con tu libro en la mano
me esperas en el banco del alegre paseo
donde gritan los niños, hablan bajo los novios,
y solos y en silencio toman el sol los viejos.

¿Dónde está nuestra infancia, patrimonio florido,
nube color de rosa porque el sol la ilumina
y nuestra juventud de bellas ilusiones?
¡Oh dulces, adoradas ilusiones perdidas!

Todo pasa y no vuelve, y nosotros seguimos
nuestra ruta en el mundo camino de lo eterno.
¡Cuántas veces al tiempo le decimos: “¡Espera!”
y el tiempo insobornable nos responde: “¡No puedo!”

De nuestro largo viaje ya en su postrer jornada
unidos como siempre, bien pronto hemos de entrar.
nuestros hijos crecieron: “Los niños ya son hombres”
Te digo y se sonríe mi orgullo maternal.

Con tu libro en la mano, como todas las tardes,
espérame en el banco del florido paseo,
donde gritan los niños, hablan bajo los novios
y solos y en silencio toman el sol los viejos.

¡Qué pena da pensar que ha de llegar el día,
ese día terrible tan cierto y tan temido,
que inútilmente esperes que yo acuda a tu lado
o que salga y me encuentre solo el banco vacío!.

5 comentarios:

Pedro dijo...

Sin amor no hay poesía y en esta se respira amor, un amor sereno.
Por su pizca de melancolía, deduzco que tu madre era, cuando escribió esta poesía, ya mayor y como digo, es un amor sereno de la persona que ha pasado la fogosidad del amor juvenil y disfruta del Amor pleno y sereno, con mayúsculas.

icue dijo...

Cuanto nos puede ayudar si somos aficionados a la buena lectura, es el depósito de combustible que nos prepara para hacer frente a las vicisitudes de la vida, con una cultura muy necesaria en nuestra época.
Saludos

Natalia Pastor dijo...

Coincido con Pedro:es esa época donde el amor alcanza su madurez, y a la vez,su máxima expresión de serenidad.
Un poema hermoso,Terly.

RAMBITO dijo...

Al leer esa hermosa poesía
cuidada,medida y melodiosa
sentí al final que me invadía
una sensación grandiosa

Querido Terly,amigo mío
por favor,publica todo
y conseguirás de ese modo
que perdamos el sentío

¡Gracias!

Terly dijo...

Pedro y Natalia,Icue y Rambito,
sois de gran generosidad
y por toda la eternidad
os estaré agradecido.

Abrazos a todos nuevamente y gracias por visitarme.