Militos, Mar y Ella, Jesús Arroyo, Natalia Pastor, Arcendo, Martha Colmenares, Pedro, Álvaro Ortega, Aeronauta, Aguijón, Eureka, Miguel A. Shikilla, Esperanza, Alemamá.
Mi Post de hoy quiero que sea exclusivamente para agradeceros a todos lo
s que habéis querido compartir conmigo estos tres sonetos de mi padre dedicados a Don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea del Toboso. Habéis sido de una gran amabilidad visitando esta vuestra casa y dejando vuestros, como siempre, afectuosos comentarios de los que sin duda hubiera disfrutado mi querido padre en gran medida.
Para cerrar esta serie de la inmortal obra de Miguel de Cervantes quiero transcribiros literalmente algunas palabras extraídas de la conferencia que sobre ella pronunció mi padre un día 23 de Abril en el salón de actos del Excelentísimo Ayuntamiento de Cáceres con motivo de la Fiesta del Libro:
...” El Quijote es la primera novela del mundo. Si la Fiesta del Libro se celebra hoy es porque Cervantes murió en otro 23 de Abril, y al portento de su ingenio se debe esta obra que nada tiene que envidiar en el orden estético a ninguna otra de igual género, anterior o posterior al siglo XVII.
En las páginas de esta moderna epopeya del dolor y de la risa, luchan dos concepciones de la vida diametralmente opuestas.
La verdad ideal, que se desvanece siempre al término de todo esfuerzo inútil y la verdad real biológica, que puede tocarse, ponderarse y medirse, porque la tenemos a mano, como cualquier objeto de los que nos rodean, susceptibles de tales operaciones.
La verdad, ideal encarnada en el Hidalgo, y la verdad tangible, representada por Sancho. El Quijote es como una polémica entre una sublime locura y una sensatez a machamartillo. El acierto insigne de Cervantes consiste en haber sabido conciliar a lo largo de una acción durable y múltiple, dos conceptos tan fundamentalmente antagónicos, sin que el uno se imponga al otro, pues tanto sería como decidir la cuestión planteada, ya dándole la victoria al idealismo sobre la realidad, ya a ésta sobre aquél. El hecho de que en las últimas páginas del libro recobre Don Quijote la cordura no salda o cancela, en mi humilde opinión, la serie de bellos extravíos cometidos por el Hidalgo desde su primera aventura hasta que retorna al lugarejo de su nacimiento. La circunstancia de que haya todavía Quijotes y Sanchos, como los habrá siempre, cualquiera que sea el número de lo unos y el de los otros, es prueba irrecusable de que el pleito sigue en pie, que no se ha dictado aún la sentencia que dé la razón a una de las partes.” (Pedro R.M.)
s que habéis querido compartir conmigo estos tres sonetos de mi padre dedicados a Don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea del Toboso. Habéis sido de una gran amabilidad visitando esta vuestra casa y dejando vuestros, como siempre, afectuosos comentarios de los que sin duda hubiera disfrutado mi querido padre en gran medida.Para cerrar esta serie de la inmortal obra de Miguel de Cervantes quiero transcribiros literalmente algunas palabras extraídas de la conferencia que sobre ella pronunció mi padre un día 23 de Abril en el salón de actos del Excelentísimo Ayuntamiento de Cáceres con motivo de la Fiesta del Libro:
...” El Quijote es la primera novela del mundo. Si la Fiesta del Libro se celebra hoy es porque Cervantes murió en otro 23 de Abril, y al portento de su ingenio se debe esta obra que nada tiene que envidiar en el orden estético a ninguna otra de igual género, anterior o posterior al siglo XVII.
En las páginas de esta moderna epopeya del dolor y de la risa, luchan dos concepciones de la vida diametralmente opuestas.
La verdad ideal, que se desvanece siempre al término de todo esfuerzo inútil y la verdad real biológica, que puede tocarse, ponderarse y medirse, porque la tenemos a mano, como cualquier objeto de los que nos rodean, susceptibles de tales operaciones.
La verdad, ideal encarnada en el Hidalgo, y la verdad tangible, representada por Sancho. El Quijote es como una polémica entre una sublime locura y una sensatez a machamartillo. El acierto insigne de Cervantes consiste en haber sabido conciliar a lo largo de una acción durable y múltiple, dos conceptos tan fundamentalmente antagónicos, sin que el uno se imponga al otro, pues tanto sería como decidir la cuestión planteada, ya dándole la victoria al idealismo sobre la realidad, ya a ésta sobre aquél. El hecho de que en las últimas páginas del libro recobre Don Quijote la cordura no salda o cancela, en mi humilde opinión, la serie de bellos extravíos cometidos por el Hidalgo desde su primera aventura hasta que retorna al lugarejo de su nacimiento. La circunstancia de que haya todavía Quijotes y Sanchos, como los habrá siempre, cualquiera que sea el número de lo unos y el de los otros, es prueba irrecusable de que el pleito sigue en pie, que no se ha dictado aún la sentencia que dé la razón a una de las partes.” (Pedro R.M.)